Siempre Wendy acaba apareciendo…
Las cosas no son buenas o malas. Wendy anda por aqui estos días…
Wendy recuerda el día en que conoció a Peter. Recuerda cada gesto, cada olor, recuerda como él perseguía su sombra por toda la habitación y como tuvo que cosérsela cuando la atraparon.
Porque lloras, niño? Le había dicho. Pero igual podía haberle dicho cualquier otra cosa.
Peter apenas recuerda aquella noche. Ni recuerda haber perdido su sombra. Peter solo sabe que Wendy huele bien.
Aún me apetece…
Te mandaba besos desde el borde del camino de baldosas amarillas, y tú me contestabas con largas cartas, atadas a la pata de una pobre paloma mensajera, recomendándome que comprara una brújula. Wendy andaba perdida aquellos días.
Me contabas que adorabas perseguirme, y yo adoraba que lo hicieras. Todos estábamos perdidos en aquellos tiempos.
Después amanecía, taaan temprano, y todo el mundo se disfrazaba de diario y salía a la calle a hacer vida normal…
Algunas veces nos cruzamos por la calle y nos miramos durante unos segundos… como cuando alguien te suena y no sabes de qué… nos conocíamos de los sueños, del tiempo que no existe, de las noches brillantes con pocas ganas de dormir solos, de las vacaciones que nos tomábamos de las obligaciones diarias… de nuestras otras vidas.
Hoy ha pasado mucho tiempo. En cambio, todo sigue igual.
El nuestro no es un amor perfecto…
Buscó entre los recuerdos la aguja que utilizó tantas veces para coser la sombra de Peter Pan y decidió si esta vez los besos serian botones o dedales. Se asomó a la ventana con la excusa de mirar la forma de las nubes y con el claro objetivo de volver a pasar las noches dejándola abierta. Se fijó en los tejados, en el color del cielo, en algunas ventanas lejanas aún iluminadas… luego miró sus manos, vacías. Ahora solo tenía que sentarse a esperar, de nuevo. Volvía a ser Wendy.
Recuerdo que de pronto nos paramos…
Hacia tantas noches que no soñaba con Peter Pan que cuando le vió aparecer en la ventana tuvo que parpadear repetidas veces hasta tomar conciencia de lo que veía. Luego llegó el olor a algodón de feria y a dulces de canela. Poco después los fuegos artificiales sobre el horizonte. Al cabo de un minuto la música de ensueño que la transportaba a lugares de ensueño. Miró al cielo y habían dos maravillosas lunas llenas. En cambio, ninguno de los dos tenía sombra (de nuevo) y los besos se habían vuelto botones (otra vez).
Aun tengo tu olor pegado a mi cuerpo…
Y llamas a mi puerta. Y me dices que has perdido la sombra, una vez más. Y te tranquilizo. Te abrazo suavito y te prometo que todo va a solucionarse, una vez más. Me miras con esa sonrisa grande y profunda, que sale por tus ojos tanto como desde tus labios. Entonces todo se queda quieto. Cerramos las ventanas y las puertas y te mando callar, que no hagas ruidos. Entonces la atrapamos. Es fácil. Se deja agarrar fácilmente, lo que le gusta es jugar con nosotros. Tú no sabes que no se ira nunca. Sin ti tu sombra no seria nada. Eso nunca te lo he explicado; si lo supieras tal vez nunca más vendrías a pedir mi ayuda. Es una pequeña trampa pero tú no vas a enfadarte por eso. De todos modos, cojo la sombra y la coso flojita. Tampoco te confesaré nunca que podría hacerlo de modo que nunca más volviera a escaparse. Entonces vuelves a sonreír. Y pierdes el tiempo haciendo cabriolas y volteretas, observando como te sigue, como te imita invariablemente. Ya te has olvidado de que existo. Cuando caes exhausto de tus juegos te apetece un cuento susurrado. Me llevas contigo. Voy a contarte todos los cuentos del mundo. Solo déjame que coja ese pañuelo y unos cuantos botones. Solo déjame recordarte que la ventana esta abierta incluso en invierno, pero no me hagas explicarte que hace en mi habitación esa música tan bonita y que tú no sabes cuando gusta a las sombras traviesas.
Si, otra vez Wendy…
Lloraba y lloraba. Fuerte. Sorbiendo los mocos ruidosamente. Apretando los puños y los dientes. Manchurrones negros en su cara. El camino de las lágrimas marcando sus pucheros. La imagen misma de la desolación.
Wendy se acerca. Con su pañuelo fino le suena los mocos. Limpia sus lágrimas y besa al niño. Le da un abrazo cariñoso, con sonrisa de regalo. El niño deja pronto de llorar.
Peter, desde encima de un árbol mira la escena distraído. Casi sin darse cuenta se pregunta: ¿Qué habrá sido de los botones?
