Feb 07

Siempre Wendy acaba apareciendo…

Las cosas no son buenas o malas. Wendy anda por aqui estos días…

Wendy recuerda el día en que conoció a Peter. Recuerda cada gesto, cada olor, recuerda como él perseguía su sombra por toda la habitación y como tuvo que cosérsela cuando la atraparon.
Porque lloras, niño? Le había dicho. Pero igual podía haberle dicho cualquier otra cosa.
Peter apenas recuerda aquella noche. Ni recuerda haber perdido su sombra. Peter solo sabe que Wendy huele bien.

Aún me apetece…

Te mandaba besos desde el borde del camino de baldosas amarillas, y tú me contestabas con largas cartas, atadas a la pata de una pobre paloma mensajera, recomendándome que comprara una brújula. Wendy andaba perdida aquellos días.
Me contabas que adorabas perseguirme, y yo adoraba que lo hicieras. Todos estábamos perdidos en aquellos tiempos.
Después amanecía, taaan temprano, y todo el mundo se disfrazaba de diario y salía a la calle a hacer vida normal…

Algunas veces nos cruzamos por la calle y nos miramos durante unos segundos… como cuando alguien te suena y no sabes de qué… nos conocíamos de los sueños, del tiempo que no existe, de las noches brillantes con pocas ganas de dormir solos, de las vacaciones que nos tomábamos de las obligaciones diarias… de nuestras otras vidas.

Hoy ha pasado mucho tiempo. En cambio, todo sigue igual.

El nuestro no es un amor perfecto…

Buscó entre los recuerdos la aguja que utilizó tantas veces para coser la sombra de Peter Pan y decidió si esta vez los besos serian botones o dedales. Se asomó a la ventana con la excusa de mirar la forma de las nubes y con el claro objetivo de volver a pasar las noches dejándola abierta. Se fijó en los tejados, en el color del cielo, en algunas ventanas lejanas aún iluminadas… luego miró sus manos, vacías. Ahora solo tenía que sentarse a esperar, de nuevo. Volvía a ser Wendy.

Recuerdo que de pronto nos paramos…

Hacia tantas noches que no soñaba con Peter Pan que cuando le vió aparecer en la ventana tuvo que parpadear repetidas veces hasta tomar conciencia de lo que veía. Luego llegó el olor a algodón de feria y a dulces de canela. Poco después los fuegos artificiales sobre el horizonte. Al cabo de un minuto la música de ensueño que la transportaba a lugares de ensueño. Miró al cielo y habían dos maravillosas lunas llenas. En cambio, ninguno de los dos tenía sombra (de nuevo) y los besos se habían vuelto botones (otra vez).

Aun tengo tu olor pegado a mi cuerpo…

Y llamas a mi puerta. Y me dices que has perdido la sombra, una vez más. Y te tranquilizo. Te abrazo suavito y te prometo que todo va a solucionarse, una vez más. Me miras con esa sonrisa grande y profunda, que sale por tus ojos tanto como desde tus labios. Entonces todo se queda quieto. Cerramos las ventanas y las puertas y te mando callar, que no hagas ruidos. Entonces la atrapamos. Es fácil. Se deja agarrar fácilmente, lo que le gusta es jugar con nosotros. Tú no sabes que no se ira nunca. Sin ti tu sombra no seria nada. Eso nunca te lo he explicado; si lo supieras tal vez nunca más vendrías a pedir mi ayuda. Es una pequeña trampa pero tú no vas a enfadarte por eso. De todos modos, cojo la sombra y la coso flojita. Tampoco te confesaré nunca que podría hacerlo de modo que nunca más volviera a escaparse. Entonces vuelves a sonreír. Y pierdes el tiempo haciendo cabriolas y volteretas, observando como te sigue, como te imita invariablemente. Ya te has olvidado de que existo. Cuando caes exhausto de tus juegos te apetece un cuento susurrado. Me llevas contigo. Voy a contarte todos los cuentos del mundo. Solo déjame que coja ese pañuelo y unos cuantos botones. Solo déjame recordarte que la ventana esta abierta incluso en invierno, pero no me hagas explicarte que hace en mi habitación esa música tan bonita y que tú no sabes cuando gusta a las sombras traviesas.

Si, otra vez Wendy…

Lloraba y lloraba. Fuerte. Sorbiendo los mocos ruidosamente. Apretando los puños y los dientes. Manchurrones negros en su cara. El camino de las lágrimas marcando sus pucheros. La imagen misma de la desolación.
Wendy se acerca. Con su pañuelo fino le suena los mocos. Limpia sus lágrimas y besa al niño. Le da un abrazo cariñoso, con sonrisa de regalo. El niño deja pronto de llorar.
Peter, desde encima de un árbol mira la escena distraído. Casi sin darse cuenta se pregunta: ¿Qué habrá sido de los botones?

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Feb 04

porque tú siempre existes donde quiera pero existes mejor donde te quiero

Ocupaba su cabeza, igual que las nubes ocupan el cielo, o la lluvia ocupa los charcos.
Invadía sus pensamientos, igual que el sueño invadía las madrugadas o los bostezos invadían el amanecer.
En cambio, sin embargo, era tan lejano como la primera carta de amor que se escribe en la adolescencia o como el primer beso. Lejano como todas las vacaciones pasadas o el perfume de los viejos amigos.
E igual de inalcanzable; tanto como el soplar de las velas de los cumpleaños que ya pasaron o como mitigar el dolor de las heridas viejas que nos atrevemos a creer que han cicatrizado solas.

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Ene 31

Enero…

El calorcito de la estufa dibuja un circulo perfecto y hace que nos acerquemos mucho más mientras hablamos de cómo ha ido el día. Y el frío que queda por los rincones permite que juguemos a calentarnos los pies o que pasemos el rato metiendo las manos frías por debajo de la camiseta. A la noche nos contaremos cuentos entre las sábanas y podremos soñar que tenemos una chimenea y que hay nieve a la puerta de casa, esperando que salgamos con nuestras manoplas a tirarnos bolas flojitas.

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Ene 29

De dorados y azules…

Recuerdo aquel día, estaba lloviendo y anochecía. Aún hacia algo de calor. La gente iba apresurada por la calle, como si todo el mundo desease escapar de algo. No corrían como deseando llegar a ningún sitio, corrían escapando. Y tú pasaste entre la lluvia, con la calma que siempre te acompaña, claro que yo, entonces, aún no lo sabía. Parecía que esquivabas algunos charcos y es seguro que esquivabas a la gente. Pero ellos no te veían y yo si. Tú no escapabas de nada, se diría que te gustaba caminar bajo la lluvia. Tampoco sabía aún que era una de tus aficiones preferidas. Yo me quedé mirándote; estaba anocheciendo y llovía.

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Ene 18

Ven…

Te seguí por el bosque, creyendo rastrear tu olor, porque tu imagen se me escapaba, justo cuando parecía que podía verte. Tu sombra podía seguirte y yo la seguí a ella, la luna alumbraba para dejarnos entrever tu rumbo.

Te busqué en las fuentes, bajo los árboles, fuera de los caminos y por ellos. Te busqué a la luz de la luna, con sol y bajo la lluvia. Nunca pude llegar a verte.

Abandoné el bosque, porque sus susurros ya no me traían tus pasos ni sus olores tu recuerdo.

Te seguí por la playa, tus huellas en la arena mojada me animaban, seguro que ahora llegaría hasta ti. Oí a las olas reír por mi ocurrencia y a las gaviotas reír por mi insistencia. Te esperé con el mar en calma y en días de negra tormenta. Nunca pude ver más que tus huellas y tu sombra.

Abandoné el mar, porque ni siquiera la espuma de las olas decía que continuabas allí.

Ahora he recorrido los bosques, los mares y las montañas más altas, los valles más profundos, los desiertos más solitarios y los ríos que nacen en las profundas entrañas de la tierra. Todos me han dicho que no estabas allí.

Ya no sé dónde ir. Pero voy a seguir buscándote, porque sé que también tú me estás buscando.

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Dic 17

El frio no puede durar siempre…

Quiero dibujar, con mi dedo en tu espalda, palabras inventadas solo para ti… Cerrar los ojos y dejar que sean mis manos las que te den mensajes. Apagar todas las luces y las expectativas, y sentir cada segundo, cada respiración, cada sueño que vuela al encuentro de otros sueños más grandes…

Quiero dibujar con mi dedo en tu espalda todo aquello que no nos decimos, porque no cabe en nuestras palabras… sólo en palabras nuevas…

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Nov 15

Te trajo el viento y…

Yo antes olía a jazmín. No todos los días, solo algunos. Los días que estaba contenta, o los días que recibía visitas. También los días en que tenía la música pegada a la piel y no podía arrancarla ni con una ducha de agua caliente. Los días que viajaba y los días que visitaba aeropuertos, donde la gente suele ser feliz, por costumbre. Algunos días de lluvia, justo cuando empezaban a caer las primeras gotas y antes de que el olor a tierra mojada invadiera todos los demás olores…

Ahora huelo a madreselva. Algunos días, no todos. Los días después de los besos. Y los días en que flotar sobre el agua parece sencillo. Los días que son verano dentro de casa, aunque en la calle haga frío y esté gris clarito. Los días en que abro libros por cualquier hoja, al azar, y me cuentan secretos sobre mí que ya tenía olvidados. Los días que solo quiero ver amanecer, tumbada en la hierba, a la orilla del mar…

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Nov 06

Un secreto…

El mar guarda nuestros secretos. Vive de eso. En cualquier lugar del mundo alguien se acerca a cualquier orilla y lanza un secreto al agua.

Hay secretos de todos los tipos, secretos peligrosos, secretos de amor, secretos que pasan de generación en generación…

Hay orillas suaves, de arena blanca que se escurre entre los dedos. Hay orillas breves, de lechos de piedras, que hacen música con el ir y venir de las olas. Hay acantilados. Hay orillas donde van a parar todas las conchas. Hay orillas de tierras negras que parecen ásperas al tacto, pero no lo son.

Todas y cada una de esas orillas, viven también de los secretos.

Son los secretos los que forman las olas. Quieren llegar lejos y, para ello, impulsan las aguas, creando corrientes y oleaje. Intentando siempre llegar a cualquier otra orilla o, quizá, volver a la misma desde la que salieron. Algunos secretos no lo tienen muy claro. Son secretos hasta para ellos mismos.

A pesar de todo, el mar guarda nuestros secretos… sin decir nada…

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Nov 02

No me salves…

Tú nunca has estado a salvo.

Leías libros escondida bajo las sábanas, con ayuda de una pequeña linterna, cuando todos creían que dormías.

Hacías burbujas de jabón durante horas, solo por el placer de ver los colorines que se dibujaban en ellas. Y las seguías con la mirada hasta que explotaban en millones de chispitas de agua jabonosa.

Mirabas a la gente con interés y te preguntabas si los otros tenían en la cabeza la mitad de cosas que tenias tú; y, si era así, cómo cabían todos esos pensamientos en el mundo.

Cerrabas los ojos al pasar al lado del jazmín de la calle y respirabas fuerte fuerte intentando que el olor llegara a todos los rincones de ti, confiando además que ese olor duraría infinito.

Tú nunca estuviste a salvo.

Ni cuando te bañabas en el río, sola, dejando que la corriente se llevara todo lo malo que te pesaba.

Ni cuando hablabas de filósofos muertos y de poesías que hablaban de ti, sin tú saberlo.

Ni cuando abrías compulsivamente el buzón de tu casa y nunca llegaba esa carta. Ni luego, cuando el teléfono no sonaba.

Ni cuando escribías para ti, con las faltas de ortografía que insistías en  hacer, a propósito.

Ni cuando oías las canciones, no! perdón! las Canciones… que te tocaban muy dentro.

Tú nunca estarás a salvo.

Hay cosas de las que no vale la pena salvarse…

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Oct 29

Siempre Wendy

“Escapé. Tuve que hacerlo. Demasiados pensamientos en mi cabeza. Demasiadas dudas. Demasiados besos a demasiadas personas.
Fui Wendy. Tú no conoces a  Wendy. Yo también soy Wendy. La Wendy de Nunca Jamás. La que cuida a los Niños Perdidos. Aquella que cose sus sombras cuando éstas escapan de sus cuerpos, jugando con ellos. La Wendy que guarda botones como si fueran besos. Esos besos de niños perdidos, que solo juegan a dar besos-botones sin jamás pensar que Wendy los guarda, todos y cada uno de ellos.
Un día Wendy  también perdió su sombra. Se dio cuenta al despertar llorando, agarrada a uno de los botones. No podía volver con los Niños. No podría seguir cosiendo sombras si había perdido la suya propia. Y Wendy escapó.
Wendy recorrió caminos, franqueó ríos, atravesó montañas y desiertos. Atravesó ríos como nunca había visto, ríos caudalosos de aguas tranquilas y ríos pobres con aguas turbulentas. En las montañas no le fue mejor. Hacía frío en las altas cumbres y pasó calores terribles cuando andaba cerca del sol. En el desierto el peor enemigo fueron los recuerdos, la falta de lluvia y los olores secos. Andó por la noche y también por el día, la arena se le metía en los ojos. Wendy caminó y caminó, un ratito huyendo, un ratito buscando. Nunca  encontró  su sombra.

Un día, sin más, se sintió saturada de belleza y volvió a casa.
A veces no hay que huir, sólo buscar dentro”

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